Ya han pasado más de 100 años desde que el escritor Upton Sinclair por medio de su novela The Jungle (1906) mostró las terribles condiciones de trabajo y falta de higiene en las plantas empacadoras de los Estados Unidos. El libro impactó a la nación. Ese año fueron aprobadas las iniciativas de ley conocidas en inglés como Pure Food and Drug Act (Ley de Drogas y Comida Pura) y la Federal Meat Inspection Act (Ley Federal de Inspección de Carne) con el propósito de proteger a los consumidores y evitar el consumo de carne poco segura. No obstante, para protegerse a sí mismos, los trabajadores en los rastros y las procesadoras de todo el país comenzaron a formar uniones para incrementar su salario y mejorar sus condiciones de trabajo.
Una historia de organización para conseguir poder
A lo largo de los años, los empacadores formaron una poderosa y sólida unión que hacía reverencia al viejo dicho “en el número hay fuerza”. El Amalgamated Meat Cutters and Butcher Workmen of North America (La Unión de Cortadores de Carne y Carniceros de Norteamérica, AMC, por sus siglas en inglés) fue la primera organización nacional dedicada a mejorar las condiciones de trabajo en la industria de la carne mediante la unión de trabajadores. A principios de siglo, los organizadores de la AMC integraron a su Unión a los trabajadores de los almacenes y plantas empacadoras de Chicago. Organizaron a los carniceros de ascendencia irlandesa y alemana y a otros inmigrantes llegados de Europa del Este y Central quienes constituían la mayor parte de la fuerza de trabajo en empresas florecientes como Amour y Swift.
A lo largo de la década de los años veinte, trabajadores negros comenzaron a unirse a las empacadoras y fueron pronto promovidos a posiciones más altas como la de carnicero. A principios de la década de los años treinta – gracias en parte a las medidas políticas y económicas conocidas como New Deal, que apoyaron a la clase obrera – trabajadores negros, blancos e inmigrantes de los más diversos orígenes tomaron la iniciativa para organizar a los empacadores en Chicago. Estos trabajadores superaron las tensiones étnicas y raciales que los habían mantenido divididos en las plantas empacadoras, impidiéndoles negociar colectivamente.
La United Packinghouse Workers of America (la Unión de Trabajadores de Plantas Procesadoras de América, UPWA, por sus siglas en ingles) se formó en 1943. Debido al enorme y activo compromiso de sus integrantes, la UPWA obtuvo verdadero poder para negociar colectivamente. A través de su solidaridad, los trabajadores de la UPWA negociaron con éxito un incremento salarial y mejores condiciones de trabajo, como también utilizaron su tremendo poder para extender los beneficios a toda la sociedad. La UPWA participó estrechamente con las luchas comunitarias que se libraron en Chicago a favor de la igualdad racial. Durante esos mismos años no mucha gente creía que fuera posible que los trabajadores negros pudieran ganar un salario justo; sin embargo, los trabajadores que estaban en la Unión de las plantas empacadoras tenían en sus contratos cláusulas que garantizaban la igualad. Las mujeres no llegaron a tener salarios justos hasta la década de los setenta, pero las trabajadoras de las plantas empacadoras ya tenían salarios iguales desde la década de los cincuenta, debido a que la igualdad constaba en sus contratos. Fue una Unión que se adelantó a su tiempo – independientemente del color, sexo o estatuto migratorio – las y los trabajadores de la Unión recibieron salario igual por trabajo igual. Fueron estos empacadores que hicieron una Unión sólida y poderosa, que defendería tanto sus intereses como trabajadores como sus derechos civiles; una tradición que la UFCW se siente orgullosa de mantener hasta la fecha.
Los beneficios de la Unión
A lo largo de la década de los setenta, la UPWA pudo mejorar constantemente el salario, los beneficios y las condiciones de trabajo de los empacadores en los Estados Unidos. El salario promedio que ganaba un empacador durante las décadas de los sesenta y setenta era 14 a 18 por ciento más alto en comparación con otros trabajadores en el sector de la industria manufacturera. El salario más alto por hora que podía ganar un empacador en ese periodo era de 20 dólares la hora (montó ajustado de acuerdo con la inflación). Esta paga se debía a que ellos eran miembros de la Unión y así podían negociar sus salarios colectivamente con las empresas. Los puestos de trabajo en las empacadoras y plantas procesadoras de alimentos se convirtieron en empleos que permitieron el surgimiento de la clase media. Tanto los trabajadores nacidos en los Estados Unidos como los inmigrantes ganaban salarios decentes que les permitían cubrir sus gastos. Podían comprar una casa, tener ahorros para el retiro, enviar a sus hijos a la escuela, y construir un futuro para sus familias. Juntos en su Unión, los trabajadores eran suficientemente fuertes para ganar pensiones, tener servicios de salud y hasta poder obtener mayor seguridad e higiene en sus lugares de trabajo, y así hicieron realidad su Sueño Americano.
La transformación de la industria
La industria procesadora de alimentos cambió precipitadamente en la década de los ochenta. El movimiento en los almacenes ferroviarios y las empacadoras en las ciudades declinaron con rapidez. La Union Stock Yard de Chicago cerró en 1970. En su lugar emergieron plantas empacadoras en zonas rurales cerca de los lugares donde se cría ganado. Estas nuevas plantas estaban equipadas con poderosas cierras y cuchillas mecánicas para una “línea de desensamblado” más eficiente. Nuevas empresas como Iowa Beef Processors (IBP) hicieron uso de su financiamiento y de su poder técnico para cambiar a la industria. Competían con otras empresas incrementando la velocidad de operación de los trabajadores y su productividad, mientras que al mismo tiempo recortaban los costos laborales. Otras empresas siguieron este modelo, y las que no lo hicieron terminaban en la quiebra; empresas pequeñas, locales y regionales, cerraban o eran arrojadas del mercado por gigantes como Tyson y Smithfield, que se convirtieron en líderes de la industria. Ahora, cinco megaempresas controlan más de 80% del mercado.
Estas enormes y poderosas empresas siguieron incrementando la velocidad y productividad y, con ello, el peligro para los trabajadores. Las empresas cerraron las plantas que tenían uniones y las trasladaron a estados con leyes de trabajo que dificultan la organización de uniones. Esto complicó la lucha de los trabajadores por una reducción en la velocidad de las líneas, condiciones más seguras y alzas salariales. Aquellos trabajadores que querían organizarse fueron intimidados por los empleadores que se oponían a su causa.
Hoy en día, los trabajadores han perdido poder para negociar colectivamente. Las grandes empresas empacadoras y procesadoras de alimentos están cada vez más determinadas a mantener bajo el costo de la mano de obra, tan bajo como les sea posible, y al mismo tiempo, incrementar la producción lo más alto posible. Esto significa contratar mano de obra barata, mantener líneas a una velocidad intolerablemente alta y presionar a las uniones en las plantas para que cedan a recortes en los salarios y en los beneficios de los trabajadores. Muchas empresas como Smithfield Foods, activamente desalientan a los trabajadores para que no se organicen (incluso recurriendo a actividades ilícitas, como el despido de trabajadores que simpatizan con la unión, sólo para detener la organización). Pero a pesar de todo, los trabajadores continúan con su lucha por establecer una Unión.
Otras empresas se aprovechan de un sistema de inmigración imperfecto, reclutando y contratando trabajadores inmigrantes indocumentados para crear una fuerza de trabajo desechable. Algunos de estos trabajadores inmigrantes no hablan inglés y tampoco están concientes de las leyes laborales o de sus derechos en el trabajo. Es una fuerza de trabajo vulnerable, fácil de intimidar, que tiene demasiado temor de hablar cuando el cheque de su salario no está correcto, cuando las condiciones de trabajo son inseguras, o incluso, cuando hay un posible problema con los alimentos que producen.
Esto ha dado como resultado una industria en donde los trabajadores tienen poco poder para la negociación colectiva, en donde cada vez es más difícil ganar lo suficiente para sostener la familia, y en donde cada vez las condiciones de trabajo son más inseguras. A principios de 2005, Human Rights Watch, una organización sin fines de lucro que apoya los derechos humanos, publicó un informe titulado “Blood, Sweat, and Fear: Workers’ Rights in U.S. Meat and Poultry Plants” (Sangre, sudor y lágrimas: Los derechos de los trabajadores en las plantas procesadoras de productos bovinos y avícolas en los Estados Unidos) el cual concluyó que las condiciones de trabajo en muchas de las plantas procesadoras de alimentos en los Estados Unidos violan los derechos humanos y los derechos laborales. Esta fue la primera ocasión en que esta organización criticaba a una industria en los Estados Unidos.
Pero, todavía hay poder en el número
Todavía está vigente lo que la UPWA aplicó en la década del los años treinta. Los trabajadores pueden ejercer una influencia sobre sus salarios, beneficios y condiciones de trabajo, cuando se integran a una unión. Hay verdadero poder en el número y en la solidaridad. De hecho, los empacadores que son miembros de la Unión ganan salarios 15 por ciento más altos en comparación con aquellos empacadores que no son miembros. De los trabajadores miembros de la Unión, el 81 por ciento cuenta con cobertura de seguro médico, mientras que sólo el 50 por ciento de los trabajadores que no están en la Unión cuentan con ello; mientras que las familias de los trabajadores que están en la Unión pagan un 43 por ciento menos por cobertura de seguro médico en comparación con las familias de los trabajadores que no son miembros. A esto se le llama “la ventaja de la Unión”. Y cuando los trabajadores mejoran su calidad de vida tanto en su trabajo como en su comunidad, otras empresas siguen su ejemplo. Esta es la razón por la cual entre más afiliados haya a las uniones en este país, las cosas mejorarán. Ha quedado demostrado a través de los años cuando las uniones son fuertes, los salarios se incrementan, la cobertura de seguro médico se mejora y las pensiones se fortalecen. Cuando las uniones están siendo atacadas como es el caso actual, todos estamos en peligro: nuestros empleos, nuestras comunidades y nuestras familias.
Podemos construir nuestra Unión para tener poder
Está demostrado que cuando hay más trabajadores en la Unión dentro de la industria procesadora de alimentos y entre más solidarios seamos, lo más probable es que podamos incrementar nuestros salarios y mejorar nuestras condiciones de trabajo y, al mismo tiempo, las condiciones de trabajo en toda la industria procesadora de alimentos. Piense en esto – para todos nosotros que trabajamos en un estado con “Derecho al Trabajo”, nuestro poder de negociación colectiva se mide por el número de afiliados a la Unión en nuestra planta. El hecho es que los trabajadores que trabajan en plantas con más afiliados a la Unión tienen mayores ingresos.
Para todos aquellos de nosotros que trabajamos en un estado que cuenta con uniones, nuestro poder de negociación colectiva lo determina el número de plantas que tienen una Unión en nuestra área en relación con aquellas que no la tienen. Cada vez que acudimos a negociar nuestro contrato, nuestra empresa utiliza a las plantas que no tienen una Unión – ya sea que se encuentre a la vuelta de la cuadra o en un estado vecino – para presionarnos.
Si esas plantas tuvieran una Unión, sería una historia totalmente diferente.
Por ejemplo, los trabajadores en Tyson tienen uniones en 25 plantas; sin embargo, en otras 45 plantas no cuentan con la representación de una Unión. En el caso de Smithfield, 23 plantas están organizadas – aunque 17 operan sin contar con representación de la Unión – entre ellas una de las plantas porcinas más grandes del mundo, ubicada en Tar Heel, Carolina del Norte. Allí hay 5 mil trabajadores de Smithfield que trabajan sin protección o pago garantizado por medio de un contrato firmado con una Unión. ¡Sus empleadores —nuestros empleadores— se empeñan para que las cosas continúen de esa misma manera!
Los trabajadores que laboran en las plantas sin Unión no quieren ganar menos, tener menos beneficios o trabajar en condiciones inseguras. Pero lo hacen porque no cuentan con una Unión. En ocasiones, como es el caso de Smithfield en la planta de Tar Heel, Carolina del Norte, los trabajadores no tienen una Unión porque Smithfield trata activamente de mantener los salarios bajos y a la Unión alejada. Otros trabajadores no han tratado de organizarse en sus plantas simplemente porque desconocen los beneficios que esto les traería.
Si los trabajadores en la industria procesadora de alimentos se unen para organizar a sus compañeros en esas plantas, podríamos obtener más poder durante nuestras negociaciones. Podríamos incrementar salarios y mejorar las condiciones de trabajo para los trabajadores en toda la industria. Juntos podemos conseguir lo que nuestros predecesores lograron. Si nos afiliamos a una Unión podemos:
– reducir la ya insoportable velocidad de la línea de producción, y asignar el personal apropiado para disminuir la cantidad de lesiones en el trabajo y mejorar la seguridad de los alimentos;
– negociar salarios y beneficios que nos permitan pagar nuestros gastos, nos permitan mantener a nuestras familias, nos permitan enviar a la escuela a nuestros hijos e hijas y mantener vivo el Sueño Americano;
– poner un alto al abuso, la explotación y la falta de respeto con la que la administración trata a los trabajadores;
Si usted trabaja en la industria empacadora de carne o en una procesadora de productos avícolas o de alimentos y se ha preguntado cómo puede participar en la lucha por un trato justo, mejores salarios y condiciones de trabajo – hay varias cosas que pueden hacer.
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